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septiembre 2025

Septiembre Mes de la Biblia 2025 Especial del Mes

ACTUALIZADO!! 28 SEP 2025
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– Cuarta Predicación  
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PRIMERA PREDICACIÓN

“La Sagrada Escritura es la lámpara que ilumina nuestros pasos y la voz de Dios que nos guía en el camino de la vida” Cfr. Sal 119,105

Hemos iniciado el mes de la Biblia y no podemos pasar de largo nosotros como Verbum Dei, dedicados a la oración con la Palabra de Dios y la predicación de la misma. La Palabra de Dios es el alimento diario, el motor de la misión y la fuerza que nos transforma personal y comunitariamente.

Queremos ofrecer al mundo la posibilidad del encuentro cercano con nuestro Dios UNO y TRINO para descubrir el rostro de Dios y experimentar la dulzura de su voz, porque en ella reside nuestra alegría y nuestro gozo. (Cfr. Jr 15,16), la Palabra de Dios nos revela el tesoro de la Vida y Amor de Dios.

En la Palabra de Dios descubrimos esa puerta de esperanza, en este año jubilar de la esperanza, qué bien nos hace alimentarnos de esa esperanza que es Dios mismo, que al contacto con su Palabra nos convierte en testigos de esperanza.

Como dice Elías Royón Lara, SJ. “La esperanza es una virtud que mira hacia el futuro, se vive en el presente y hunde sus raíces en la experiencia vivida en el pasado”.

La Palabra nos recuerda las maravillas que Dios ha hecho: la liberación de Israel, las promesas a los patriarcas, la fidelidad de Dios a lo largo de la historia. “Acuérdate de todo el camino que el señor tu Dios te ha hecho recorrer” (Dt. 8,2) En esa memoria viva se afianzan las raíces de nuestra esperanza.

Detengámonos a “hacer memoria” en nuestra propia vida y ver cómo Dios ha acompañado nuestros pasos, ha estado presente en los momentos difíciles. A veces cuando se nos propone hacer memoria nos pueden salir las resistencias: ¿para qué ver el pasado? mejor vivir el presente, sin darnos cuenta que a veces que lo que no está resuelto del pasado nos puede afectar en el presente.

Démonos ese espacio para ir hacia atrás, pero sabiendo que no vamos solos, sino con Él, con nuestro Padre Dios, que nos hace ver también las promesas que él le ha hecho a nuestra vida. Dice el libro de la Sabiduría en el capítulo 9,17 ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la sabiduría enviando tu Espíritu Santo desde el cielo? Que esa sabiduría que viene de Dios Padre nos guíe y nos introduzca en su corazón de Padre para experimentar cómo hemos sido amados, sostenidos, acompañados, levantados. Como bien dice el salmista: Enséñanos la medida exacta de nuestros días para que adquiramos un corazón sensato. ¡Vuélvete, Señor!, ¿hasta cuándo?, ten compasión de tus siervos. Sácianos por la mañana de tu amor, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Descienda sobre nosotros la bondad del Señor nuestro Dios. Que consolide la obra de nuestras manos. ¡Consolide la obra de nuestras manos! Salmo 90, 12-14.17. Que en este hacer memoria experimentemos cómo desciende la bondad del Señor y continúa haciendo su obra en nosotros. Por eso nuestra esperanza está enraizada en el amor de Dios y su bondad por siempre.

Por: Mónica Narváez. MVD

SEGUNDA PREDICACIÓN

“El misterio de la cruz a la luz de la Pascua”

Celebrar el misterio de la cruz fuera del contexto de la Pascua es reconocer que la cruz no se limita a un acontecimiento puntual, sino que acompaña nuestro camino de cada día. Como nos recuerda San Pablo, el misterio de Cristo es total y abraza toda nuestra existencia. El apóstol afirma:«Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de siervo» (Flp 2,6-7). En este “asumir” descubrimos la clave de la revelación de Dios: el Hijo que se hace siervo por amor. Y, al mismo tiempo, encontramos el llamado a nuestra vida diaria: asumir a Cristo, el Dador de Vida, con todo el peso y fragilidad de nuestra propia existencia. Este acto no es mera decisión humana, sino respuesta confiada a la gracia.

Jesús mismo da sentido a esta elevación de la cruz al hablar con Nicodemo: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,14-15). La cruz, que humanamente parece signo de derrota, se convierte en fuerza que nos levanta en medio de las pruebas. Como dice el profeta Isaías: «Con sus llagas hemos sido curados» (Is 53,5).

Así, el misterio pascual no suprime el dolor ni el cansancio de la vida, pero nos concede la gracia de afrontarlos con esperanza. En la cruz aprendemos que la verdadera libertad no consiste en la resignación pasiva, sino en la entrega confiada al amor más grande: «Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

El camino del pueblo de Dios, como narra el libro de los Números, también estuvo marcado por la fatiga: «El pueblo se impacientó por el camino» (Nm 21,4). Así también nosotros, peregrinos hacia la libertad, experimentamos cansancio y rebeldía. Sin embargo, la cruz se nos ofrece como punto de apoyo, como señal de salvación que nos impide caer en la desesperación.

En la debilidad humana, la cruz se convierte en la “palanca” con la que Dios nos da la fuerza para levantarnos y sostener al mundo con misericordia, no con condena: «Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17). De este modo, la cruz, asumida a la luz de la Pascua, es signo de dignidad, liberación y esperanza, porque nos recuerda que «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12,10).

Por: Susana Vera, MVD

TERCERA PREDICACIÓN

“La esperanza es una virtud que mira hacia el futuro….”

En este camino que vamos haciendo, con la dinámica de oración con la esperanza de fondo, recogiendo el pasado, tomando conciencia de nuestro presente, y ahora con la propuesta de considerar nuestro futuro, como una mirada hacia adelante con nuestro querido Dios.

En la primera lectura, leemos al profeta Amós en tiempos del dominio asirio sobre Israel que describe un tipo de personas, que abusan de su posición mercantil contra los pobres, esas personas que por sus acciones se desvela su corazón, de ahí que el Señor exprese por boca del profeta, contra ellos: «No olvidaré jamás ninguna de sus acciones». Veo a un Dios que reconoce el abuso, y los corazones centrados en las ganancias personales a costa de los pobres. En nuestros tiempos, me llama la atención el grado de individualismo en el que vivimos, un modo que permite solo preocuparse por si mismo fomentado por un estilo de vida cómodo, indiferente, solo preocupado por las propias necesidades, las propias circunstancias. Sabemos que hay muchas necesidades generales, ya sea en la familia, en la zona en que vivimos, en nuestros países… la salud, la seguridad, el trabajo, la comunidad frente a la soledad, la ansiedad, el abandono… a veces, no nos damos cuenta de que podemos estar exclusivamente preocupados por nuestro bienestar y perdemos de vista que otros pasan necesidad… y no solo material. Me llena de esperanza leer con el salmista (salmo 112): «¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que habita en las alturas y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?». Con estas palabras surge la esperanza, el aliento, la palmada, el empuje divino que nos dice: “no estás solo y abandonado, no estas olvidado… estoy cerca”.

El salmo continúa expresando: «Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo». Y ¿quiénes son los príncipes del pueblo?, más que las autoridades, son los ungidos, los que poseen una amistad especial con Dios, no me refiero a favoritismos, sino todo lo contrario, en el sentido de que alza al desvalido hasta hacerlo cercano a Él. Entiendo que hay una cercanía divina accesible para todos, el Señor se abaja para mirar de cerca, el Señor se acerca para compartir la vida con el desvalido, con el que está hecho polvo… con el que ha sido abusado y timado… porque “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tm 2,3-4). Es decir, podemos percibir que en el corazón de Dios hay un anhelo, un deseo de salvación, liberación y amor por cada ser humano. Ese conocimiento que no es teórico, ni erudito… sino un conocimiento que implica intimidad, plenitud, mutualidad entre Dios y cada uno de nosotros. Eso, me suena a la verdadera esperanza… esa que se asienta sobre el suelo seguro del amor de Dios que no duerme ni dormita. Desde aquí creo que es posible una mirada hacia el futuro, con Él.

Por: Male Bonaga, Discípula Misionera Verbum Dei, México

CUARTA PREDICACIÓN

“CONQUISTA LA VIDA ETERNA A LA QUE HAS SIDO LLAMADO”

Seguimos peregrinando por este camino de Esperanza y las lecturas de este domingo nos invitan a poner la mirada en la Vida Eterna, nuestra meta y final del camino.

El Evangelio es Lucas 16, 19-31, que nos habla del rico que hacía banquetes todos los días y vestía de telas finas, y de Lázaro, un mendigo que se quedaba a la puerta del rico deseando comer al menos las migajas que caían de la mesa del rico. Es una invitación a revisar nuestras acciones y motivaciones para actuar, reconocer si hay algo en mi vida que me esté separando de Dios, o que al final logre desconectarme de él, porque fue lo que le pasó al hombre rico, tenía tantos bienes que pudiendo ayudar a mitigar el sufrimiento de su prójimo, no lo hizo.

El deseo de Dios es de unión y fraternidad, de que nos ayudemos unos a otros, no se cumplió con este hombre que quizá olvidó que algún día iba a morir, y Dios que viene a salvarnos y hace justicia a los hombres, le otorgó a Lázaro el lugar del gozo eterno. Tengamos cuidado de dejar a Dios de lado por dedicarnos a buscar las riquezas, o los placeres, cualesquiera que sean. Él está en el hermano, en la Eucaristía, en su Palabra, no le cerremos el corazón por centrarnos en nuestras necesidades, en nuestros gustos o placeres, porque existe el lugar de tormento al cual llegó el hombre rico por no saber administrar los bienes que Dios le dio para aliviar la pena y el dolor de los demás. No solo se refiere a los bienes materiales, sino también los espirituales, todo es don, todo es regalo de Dios, empezando por la vida, tu oración, tu salud, tu fe, tu tiempo, tu capacidad de escuchar, de acompañar, ¿Qué tienes que no te haya sido dado?   Porque dice a primera lectura: Amos 6, 1. 4-7 Ay de aquellos que gozan de la buena vida olvidando el sufrimiento de sus hermanos. Atento de no pasar de largo ante el que necesita, ante el que busca, el que sufre, cualquier gesto de amor puede aliviar el corazón de las personas.

Por eso San Pablo nos invita en la segunda lectura a seguir el camino de la lucha y la conquista de la Vida Eterna a la que hemos sido llamados, viviendo una vida de rectitud, de fe, de amor, de mansedumbre, esta es la vía por la que podemos acceder al lugar de gozo al que llego Lázaro, amor a Dios y al prójimo, poner  en sus manos de regreso todo lo que nos da para mostrar su rostro al que sufre, para ser sus manos y sus pies y aliviar un poco su dolor en tantos hermanos necesitados que requieren de nuestra ayuda.

Que María Santísima nos ayude a reconocer lo que nos separa de Dios, que puede endurecer nuestro corazón y ser indiferentes ante las situaciones de sufrimiento de los demás. Ayúdanos Madre que dejarnos motivar por el amor y no el temor, para darnos a los demás. Ayúdanos a que sea su Palabra la que nos lleve a madurar en la fe, a creer en ella, ahí se encuentra el corazón de Dios, le tenemos a él, a Jesús mismo y también a los profetas. Madre que no esperemos a morir para avisar a nuestros hermanos del lugar de gozo que nos espera si luchamos por conquistar la Vida Eterna. Regálanos Madre lo que necesitamos para dejar a Dios transformar nuestra vida y salir al encuentro del hermano.

Por: Eva Maria Reyna Luviano, LMC. México

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