Fieles a la misma intencionalidad de la Palabra de Dios y al mayor interés de nuestro Maestro, atenderemos al mandato y última voluntad de Jesús: “Id y haced discípulos de todas las gentes”, y les enseñaremos a guardar todo lo que Jesús nos ha mandado. Buscaremos que ellos también sean capaces, a su vez, de hacer discípulos y de instruir a otros, transmitiendo, así sucesivamente, la misma misión de predicar el Evangelio que a nosotros nos confió Jesús.
La vivencia, el camino recorrido por Jesús y los Doce, así como del grupo de discípulos que los acompañaban, son la fuente inspiradora de nuestra dinámica apostólica: Jesús formó a doce apóstoles para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar48, constituyéndolos sus testigos. El deseo de formar apóstoles de entre todas las gentes es un elemento específico de nuestro carisma que se convierte en método e intencionalidad de nuestra misión.