Nuestra misión empieza por la vivencia de la oración, donde Dios, también a través de su Palabra29, nos transmite su misma Vida y Amor hasta hacernos hijos y hermanos en Jesús. Nuestra oración o diálogo íntimo y amoroso con Dios alimenta nuestra vocación y misión de vivir y predicar el Evangelio.
Solo desde una vida orante y unida a Dios podremos vivir el verdadero seguimiento de Jesús, plasmar el Reino entre nosotros y crear ambientes fraternos en nuestro mundo. De igual modo, solamente podremos ser fecundos en nuestra misión si permanecemos en la Palabra y en el amor de Jesús: “El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada”
Ser Cristo es el supremo ideal al que aspiramos todos los miembros de la Familia y que, con toda justicia, presentamos a toda persona en nuestra predicación y apostolado. En comunión con Jesús entregado por todos, transmitiremos solo su Amor-Vida, sin adulteración ni rebajas, haciendo realidad sus palabras: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha”; “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe”.