Los medios y métodos mejores para el ejercicio de nuestro ministerio de la Palabra serán aquellos que mejor y más rápidamente consigan en las personas el desprendimiento y desierto de todo, de todos y de sí mismas, dejando que solo Dios les hable al corazón y puedan así conocerlo y con Él desposarse para siempre.
Ningún medio ni método podrá jamás alcanzar la fuerza, convicción y vitalidad de la palabra viva, personal y directa del apóstol convencido y enamorado de Cristo, verdaderamente humilde, poseído por el Espíritu, apasionado por la gloria del Padre y por el amor a María, Madre de la Iglesia. La íntima unión del apóstol con Cristo hará que se sienta vitalmente ligado con todos sus hermanos con vínculos más fuertes que los de carne y sangre. En el seno de la Iglesia y obediente a la misma, sentirá con ella el latido fraterno, sano y enfermo, de toda la humanidad sin excepción ni discriminación alguna; con Cristo y como Él, dará la vida por la Iglesia y por la fe de nuestros hermanos en todo el mundo.