REFLEXIÓN DE INICIO DE AÑO 2025.
Estamos finalizando el año civil que, probablemente fue lleno de retos, sorpresas, alegrías, tiempos en los que reímos y quizá lloramos, pero donde, sin duda también experimentamos el gran amor y la fidelidad de Dios a nuestras vidas, del sembrador que no dejó un solo día de salir a sembrar la Palabra que nos levanta, nos fortalece, nos da vida.
Este Dios amor, misericordia, ternura que acaba de nacer, pobre y humano, nos trae consigo además de todas su gracias, el regalo de un año jubilar titulado “Peregrinos de la esperanza” una invitación para todos nosotros a reflexionar sobre lo que significa vivir la esperanza cristiana en un mundo como el nuestro, donde basta echar un vistazo para desanimarnos y donde algunos pueblos van sacando a Dios deliberadamente de sus vidas cada vez más, por lo que hemos de buscar la forma de no quedarnos en la reflexión solamente sino de llevarla a la vida, de vivir y caminar en la esperanza.

Cómo los cristianos podemos vivir la esperanza en la realidad en la que estamos viviendo.
El rey ha nacido y su reinado no es de este mundo, por lo tanto, nuestra esperanza se ha de colocar en la eternidad, en la vida que Jesús nos promete a todos los que le amemos y guardemos su Palabra. Debemos pasar por el corazón la certeza de que esta vida es la antesala de la eterna; es verdad que el pecado, las guerras, el egoísmo, las envidias, las injusticias y todo aquello que podemos encontrar en nuestras realidades cotidianas, puede de pronto pretender desanimarnos, pero es importante también recordar que peregrinamos hacia la vida eterna y que mejor que hacerlo con el corazón lleno de esperanza aún en aquellos momentos que pudieran ser difíciles.
Démosle al niño Jesús toda la libertad de acompañarnos, de guiarnos, de enseñarnos amar y caminar con la esperanza que da su presencia y su amor, y aprovechar la indulgencia plenaria que nos da este año jubilar. Que nos regale todo el amor que necesitamos para responder a su confianza de dar vida por su Palabra y a vivir pero sobre todo, llevar esperanza a todos los ambientes en donde nos desenvolvamos en este año 2025.
Pongamos también en las manos de nuestra madre Santísima, “María madre de Dios” este año que inicia y todos sus frutos, que los bendiga y con ellos nuestras vidas, nuestras comunidades y sin duda nuestro carisma.