" Preparando el camino a la Esperanza "
Actualización 24 Diciembre 2021
NAVIDAD
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"Preparing the way of Hope."
El Adviento (en latín: adventus Redemptoris ‘venida del Redentor’) es el primer período del año litúrgico cristiano, y consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Su duración suele ser de 22 a 28 días, dado que lo integran necesariamente los cuatro domingos más próximos a la festividad de la Natividad (celebración litúrgica de la Navidad)
Diciembre es el Mes del Adviento.
Consideraciones de la Navidad
“Feliz Navidad”
La Navidad del Señor nos enseña a amarnos sin límites unos a otros; ese es el regalo que todos podemos ofrecer en esta Navidad. La Navidad también nos recuerda nuestras tradiciones más puras; el Pesebre es la representación del pueblito donde nació Jesús y ocupa un lugar importante en nuestros hogares y nos recuerda que Jesús quiere habitar entre nosotros.
Los cristianos católicos conmemoramos y vivimos el milagro del nacimiento; la ternura del Niño que nace y que se hace hombre para venir a salvarnos. Dios hecho hombre viene a todos nosotros sin distinción o preferencia y quiere habitar en nuestros corazones, por eso la navidad es el inicio de ese hábitat y el comienzo de una nueva luz y esperanza para todos.
Navidad es tiempo de amistad, de aflorar valores familiares, de perdonar y ayudar, de vivir la experiencia de ofrecer buenos ejemplos como padres, madres e hijos, que iluminemos nuestros hogares con la oración y la presencia de Dios en cada uno de nuestros rincones.
Nace el Niño Dios, nace el Salvador. Que esta Navidad sea el regalo de recibir a Dios y amarnos los unos a los otros deseando el bien y las mejores acciones para todos.
Por: Andrés Camargo Salcedo
DMVD Bogotá Colombia
Cuarto Domingo de Adviento
4to DOMINGO DE ADVIENTO Miqueas 5,1-4; Hebreos 10,5-10; Sal 79,2ac.3c.15-16.18-19; Lucas 1,39-45
“LA ESPERANZA NOS VISITA”
Estamos a pocos días de presenciar el milagro de la Navidad, este acontecimiento importante que renueva la esperanza en nuestras vidas y las lecturas de este cuarto domingo de adviento nos siguen preparando para ello.
Las primeras líneas de la primera lectura del cuarto domingo dicen: “Esto dice el Señor: «Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel… Él mismo será la paz»”.
Dentro de la zona pobre de Judá una ciudad pequeña como Belén alberga una promesa que desafía la percepción de grandeza. Esa pequeña entre las pequeñas ciudades traerá a alguien importante, la Esperanza del pueblo, él que será la paz en el territorio. Podemos fácilmente encontrar una referencia mariana en ello, una mujer pequeña, insignificante, pueblerina, una jovencita, que lleva dentro la Esperanza deseada desde antaño y desde siempre, a Jesús en su vientre que se dispone a visitar a su pariente Isabel.
¿Cómo aprender de Maria en esta situación del evangelio del día? “María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá”. Dispuesta a ir a la montaña, estando ya embarazada, descentralizada de sí misma, en pro de la que sabe necesita ayuda y que está en espera de la vida, el que será Juan Bautista. Y le pregunto al Señor, ¿a quien necesito ir a visitar?, ¿quién está lejos y está a la espera de la vida?, ¿soy motivo de despertar esperanza? Esa esperanza que es necesaria en estos tiempos de pandemia, luz que renueva, que alienta, que motiva, que llena de alegría… ¿llevo dentro la Esperanza deseada?
O desde otra perspectiva, ¿qué esperanza me ha visitado este tiempo? Saben, esto pido al Señor, no cerrar los ojos a la esperanza que me visita desde cualquier persona o lugar. Esa Esperanza que viene oculta, envuelta en las personas lo situaciones, esa esperanza que puede venir de los lugares o personas más pequeñas e insignificantes, como la ciudad de Belén, como María.
Pido a Dios que esa Esperanza que deseamos y necesitamos no pase de largo, que cada uno de nosotros permita, reconozca y acoja esa visita para que sea impulso y alegría para quedar llenos del Espíritu Santo como Isabel.
Por: Male Bonaga DMVD
Tercer Domingo de Adviento
3er DOMINGO DE ADVIENTO Primera Lectura: Is 7,10-14; Salmo: Sir 24 23-31; Segunda Lectura: Gal 4, 4- 7; Evangelio: Lc 1, 39-48
“MARIA DE GUADALAUPE NOS TRAJO LA ESPERANZA”
¡Qué alegría! Estamos de fiesta en este tercer domingo de adviento también conocido como el domingo de la alegría en el que la celebración de la solemnidad de nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América. Este acontecimiento guadalupano resalta la alegría y la esperanza en nuestros corazones, Desde el mes de diciembre de 1531 hasta diciembre 2021, son 490 años de historia que han sido tejidos con el hilo de la esperanza por obra del Espíritu Consolador. María fija su mirada en el indígena Juan Diego y lo nombra su embajador ante el obispo para que le construya su templo, lugar de puertas abiertas donde escuchará las suplicas de cada uno de sus hijos.
La presencia de María es la gran señal que Dios le prometió al pueblo de Israel: “El Señor mismo, les dará una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir: Dioscon-nosotros” María engendró en su vientre la Esperanza, es la Madre del Amor que ha venido a dar un nuevo sentido a la historia.
Podemos leer el Evangelio a la luz del acontecimiento guadalupano y decir: Por aquellos días de 1531 María se hizo presente en el cerro del Tepeyac y entrando a nuestra tierra mexicana saludó a Juan Diego con palabras llenas de ternura: “¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?” No te aflijas, no estoy yo aquí que soy tu madre”. Ante esta gran visita podemos exclamar como Isabel ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a visitarme? Y que como Isabel podamos decir: “Dichosa tú porque has creído que se cumplirían las promesas del Señor”
Por Marisol Fernández, misionera Verbum Dei
Segundo Domingo de Adviento
“REENCENDER LA ESPERANZA EN CADA CORAZÓN”
Conforme avanzan los días se nos acerca la fecha más importante de la celebración cristiana, el nacimiento de aquel que bajó desde el cielo para hacerse uno con nosotros y librarnos de todo aquello que no es amor, que no es esperanza, y especialmente librarnos del pecado.
Pero justo mientras se llega el momento de celebración y de reencuentro íntimo con nuestro salvador, es menester empezar a disponer nuestros corazones para su próxima llegada con amor, con júbilo y alegría, con la certeza que con su llegada nos trae la esperanza, por ello debemos de aprovechar este tiempo llamado “Adviento” para la preparación del hogar de Jesús en nuestros corazones.
En este tiempo se nos invita a limpiar, acomodar, reordenar y hacer todo lo que haga falta en nuestros corazones para tener nuestro corazón arreglado para el momento de su nacimiento, porque sí, ese será el pesebre, donde Jesús quiere nacer.
Ya pasada la primera y llegada la segunda semana de Adviento el corazón poco a poco comienza a sentir que Dios se acerca y se puede sentir la llama de la esperanza que se va encendiendo. Dios se avecina a nuestra vida, para caminar con nosotros y nos llena de paz, alegría, abundancia, amor y mucho júbilo, no obstante es cierto que desde hace un periodo hasta la fecha una situación a nivel mundial, puso en jaque a la humanidad e invadió nuestra vida tal como la conocemos y es que nadie predeciría que habría un virus que colmaría la paciencia de miles de científicos y doctores puesto que su impacto ha sido desastroso en todo el mundo, por ello es que tal vez muchos de los corazones no han ardido con el fuego del amor de Dios como en otras ocasiones porque para nadie ha sido fácil esta situación, y la pregunta de muchos ¿Dónde está la esperanza? ¿Hay esperanza, para esta realidad que vivimos?
No obstante a pesar de esta desafortunada situación en el evangelio de la segunda semana, podemos encontrar sabias palabras que dejan al descubierto un mensaje muy importante que Dios quiere que escuchemos en estos tiempos de penumbra; Y es que si bien aún no hemos podido recuperar nuestra forma de vida “normal” y hemos pasado ya varias oleadas, Dios nos hace saber que está con nosotros y nos hace una llamada clara a una sola cosa: Encender de nuevo nuestra fe y nuestra esperanza, nos llama a volver a levantar la mirada y recordar que él se encuentra ahí, listo para abrazarnos cuando queramos, eso mismo lo dice en Evangelio de Lucas (Lucas 3, 1-6), donde cuenta que Juan el hijo de Zacarías recorre la comarca del Jordán con una predicación para el perdón de los pecados donde redacta la importancia de Preparar el camino del Señor y hacer rectos sus senderos.
“Ha resonado una voz en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
hagan rectos sus senderos.”
Solo que nosotros en realidad preparamos ese camino, cuando preparamos nuestros corazones, cuando examinamos nuestra fe y conciencia para hacer la correcta corrección de ella, cuando reestructuramos nuestra actitud para con otros y cuando llevamos a cabo la confesión de nuestros pecados en el sacramento de la penitencia y todo eso para recibir con alegría a nuestro salvador.
Posteriormente nos ofrece ese aliento que todo padre da a su hijo cuando las cosas no son claras y hay turbulencia en el viaje diciendo así:
“Todo valle será rellenado,
toda montaña y colina, rebajada;
lo tortuoso se hará derecho,
los caminos ásperos serán allanados”
Y con este mensaje es que invito a reflexionar sobre el gran mensaje que Dios nos da, animándonos a reencender nuestra fe y nuestra esperanza sabiendo que hasta la tormenta más cruel tiene su fin cuando confiamos en él y nos agarramos de su mano.
Por Josué Govea, DMVD México
Primer Domingo de Adviento
“DICHOSOS LOS QUE ESPERAN EN EL SEÑOR””
En la primera semana de adviento vamos a contemplar en las primeras lecturas, como el profeta Isaías anuncia la salvación, y nos abre un nuevo horizonte, nos introduce en una actitud de esperanza, afirmando la proximidad de un mejor futuro, de una nueva alianza que se hará realidad en la persona de Jesús, por esto, podemos afirmar: “Dichosos los que esperan en el Señor”
Ante tantas falsas esperanzas, en el pueblo de Israel el profeta levanta su voz y anuncia que se acerca un nuevo tiempo, que están en el umbral de la esperanza, en el que las promesas de Dios se harán una realidad. Se acerca el príncipe de la paz que saciará el hambre, que sanará toda dolencia, y hará que los ciegos vean, que los mudos hablen, que los paralíticos caminen: “Se acerca el día de la liberación”.
En los Evangelios se contemplan las promesas hechas realidad, la palabra prometida ha manifestado su poder en la persona de Jesús. Jesús es la Esperanza hecha Hombre, Esperanza que podemos ver, escuchar, palpar, seguir, imitar y anunciar.
Iniciamos este adviento con la invitación a ser profetas que abramos camino a la Esperanza, es decir, que invitemos a muchas personas a abrir su corazón a la Palabra, a dejar que Jesús nos sane, nos libere, nos conceda su paz. Adviento, tiempo favorable para la oración, para crecer en la escuela de la esperanza: “Un lugar primero y esencial para el aprendizaje de la esperanza es la oración” (Salvados por la esperanza No. 32) Que en este tiempo dispongamos nuestro corazón para crecer en amistad con Dios y con los hermanos y de esta manera podamos decir: ¡feliz navidad! Vivir un tiempo nuevo, tener la experiencia de un nuevo nacimiento, que seamos portadores de una esperanza que no se apaga, ni siquiera en los momentos más difíciles que hayamos vivido en esta pandemia, todo lo contrario, que podamos reconocer todos los diálogos que reavivaron en nosotros la esperanza que en muchos momentos creíamos perder. Que María, Madre de la Esperanza nos acompañe en este camino que hoy emprendemos y que como iglesia y sociedad podamos renovar nuestras esperanzas.
1er DOMINGO DE ADVIENTO
1era lectura: Jr 33, 14-16; Salmo: 24, 4-5. 8-10 .14; 2da lectura: 1 Tes 3,12-4,2; Evangelio: Lc 21, 25-28.34-36
“ABRAMOS NUESTRO CORAZÓN A LA ESPERANZA “
La primera lectura de este domingo nos sitúa en el horizonte de la salvación como esperanza: “Vienen días, en que yo cumpliré las promesas que hice a los habitantes de Israel y de Judá” se nos anuncia la salvación y se nos promete la paz: “En aquellos días se salvará Judá y Jerusalén vivirá en paz. Y la llamarán el Señor es nuestra salvación”.
Que grande poder anclar nuestro corazón en una esperanza cierta, ya no son promesas, demos gracias porque nos ha tocado vivir en el tiempo del Espíritu, el Amor que ha sido derramado en nuestros corazones y que nos da la certeza de la esperanza. Y que por esto podamos decir con el salmista: “Guíame en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que me salva. En ti espero todo el día” (Sal 24,5)
El evangelio nos invita a reconocer las diferentes señales que se van a ir manifestando en la naturaleza (sol, luna estrellas, tierra, mar, olas) y ante esto, nos invita a no tener miedo, a cobrar ánimo levantar la cabeza, porque se acerca el día de la liberación. En este día, les invito a deteneros y hacer una lista de los signos que hemos podido reconocer y vivir en este tiempo de pandemia, signos de desesperanza y de esperanza.
¿Quién no ha experimentado, en este tiempo, la desesperación, la incertidumbre, el desánimo, el cansancio, la tristeza, el aislamiento, la impotencia, etc.? Hemos visto muchos signos de desesperanza ante la enfermedad y la muerte, pero también hemos visto muchos signos de esperanza que también podemos hacer una lista y agradecer, los signos de solidaridad, creatividad, fortaleza, de suma, etc. La fe ha sido un signo fuerte del que ha brotado la esperanza que va más allá de nuestro límite, que nos sitúa en un sentido de comunión más profunda que rompe con las barreras incluso de la muerte: “La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (Salvados por la esperanza N.2).
Termino con la invitación de la 2da lectura: “Que el Señor los fortalezca interiormente, los haga rebosar en amor mutuo y amor a todos”
Por. Marisol Fernández, MVD