ACTUALIZADO!! 21 DIC 2025
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– Cuarto Domingo de Adviento –
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– PRIMERA PREDICACIÓN
“Primer Domingo de Adviento” Mateo 24, 37-44
Hola familia Verbum Dei
Qué hermoso comenzar este tiempo orando con la Palabra y preparándonos juntos para recibir a Jesús que viene este 2025. Hoy encendemos la primera vela morada: la vela de la esperanza 🕯️
Porque, aunque a veces no lo veamos… Dios ya viene.
El Adviento nos recuerda tres verdades:
Cristo vino por amor
Cristo viene hoy a nuestra vida
Cristo vendrá en gloria al final de la historia
Y Jesús hoy nos dice en el Evangelio: “Estén preparados… estén atentos.” No es una amenaza, es una invitación a vivir despiertos.
“me ayudaba poder acordarme de Noé…”
En los tiempos de Noé… la gente estaba ocupada, distraída, comiendo, trabajando, viviendo la vida…pero sin Dios en sus decisiones y tómala que por confiados les llegó el diluvio.
El diluvio hoy es:
🔸 el ruido
🔸 la prisa
🔸 el celular
🔸 el “mañana oro”
🔸 el “después preparo”
🔸 la fe en piloto automático
Y Jesús hoy nos toca la puerta del corazón y nos dice “Aquí estoy… ¿me dejas entrar?”
No quiere que vivamos dormidos, quiere que despertemos para eso es adviento, es hacer espacio: para orar con la Palabra, para reconocer a Jesús que pasa en lo cotidiano, para anunciar al que está llegando.
Empezamos también con el uso del color morado, El morado no es tristeza… es un “vamos a renovarnos” es una invitación para que algo nuevo nazca en nosotros.
Preguntémonos:
¿Dónde necesito despertar mi amor?
¿Qué relación debo cuidar, sanar?
¿Estoy preparándome cada día…?
¿Estoy predicando con mi vida… o con mis excusas?
🔥 Ahora que lo sabes le quisiera decir a cada realidad en nuestro carisma
Jóvenes Verbum Dei
Jesús quiere despertar tu fuego.
Tienes una misión que nadie más puede cumplir.
Él viene a decirte: “Cuenta conmigo, sueña conmigo, camina conmigo”. Tu vida predica… ¡que predique amor! 🔥
Familias Verbum Dei
Su hogar es un pesebre, Jesús quiere nacer en sus rutinas, en sus diálogos, en su manera de perdonarse. Ustedes son predicadores con su testimonio diario. 👨👩👧👦 Que sus hijos y el mundo vean a Dios en ustedes.
Consagrados Verbum Dei
Jesús viene a renovar el primer llamado.
A decirnos: “La misión sigue urgente”. Que este Adviento te encuentre en vela, con la Palabra en la mano y el corazón en salida, predicando con gratitud y pasión.
Mama María ayúdanos a esperar con esperanza y a decir sí al proyecto de Dios desde nuestras realidades.
Por: Nydi y Jorge / Matrimonio Misionero / León Guanajuato, México
– SEGUNDA PREDICACIÓN
“Segundo Domingo de Adviento” Mateo 3, 1-12
En este segundo domingo de adviento escucharemos el Evangelio según San Mateo capítulo 3, versículos del 1 al 12, en el que se nos presenta a Juan el Bautista predicando la conversión de una vida alejada de Dios y todo lo que esto implica, no solo para la persona que así vive sino para quienes le rodean y la sociedad en general. Juan es aquel del que Isaías profetizo; una voz que clama en el desierto. Aunque pueda parecer contradictorio que una voz predique donde no hay nada, no hay personas no hay árboles, casi no hay vida, nos podemos preguntar ¿a quién le predica si el panorama del desierto es desolador? ¿Quién escuchará el mensaje de conversión al que invita Juan?
Colocándolo en nuestro presente y en nuestras vidas, podemos trasladarlo al desierto de nuestro corazón, donde no hay lugar para Dios, que es Dios de la vida, es la vida misma, donde no está Dios tampoco ahí hay vida, un corazón lejos de él es un corazón en el desierto, donde no hay esperanza, no hay alegría, no hay paz. Pero no todo en el desierto es negativo, no lo veamos solo con una mirada pesimista, también es un lugar ideal para encontrarse con Dios, porque no hay ruidos, no hay distracciones, es solo Dios y la persona, ahí donde uno puede ver vacío él ve posibilidad y esperanza y en el desierto podemos tener esa experiencia profunda del amor y la presencia de Dios con nosotros.
Por eso otra de las invitaciones para este domingo es a preparar la vida, el corazón para acoger a Jesús, a orientarlo hacia él, Juan dice: conviértanse porque ya está cerca el reino de los cielos. La conversión implica un cambio del corazón, de forma de pensar y dirigirlos hacia Dios, es un llamado a centrarnos en lo esencial, lo que debe ser el núcleo de nuestra vida, la fidelidad constante de Dios en ella y la escucha de su Palabra, la transformación progresiva hacia él que hemos de ir trabajando.
Podemos ver tristemente, como la navidad ha ido perdiendo su esencia en muchos0 lugares y personas y se ha convertido en una temporada de comercialización, una buena oportunidad para vender y comprar, nos distrae lo exterior y no cuidamos el interior, nuestra mente y corazón puede estar lleno de preocupaciones, de resentimientos, de enojos y donde ya está lleno no hay lugar para nada ni nadie más, la conversión implica hacer una limpia, sacar todo aquello que ya no necesitamos y solo ocupa lugar en nuestras vidas, en nuestra mente y corazón para dejar espacio a Dios, al niño que pronto nacerá. Identifica este domingo aquello que te puede estar desviando de la fe, del amor, de la paz, de disfrutar de la presencia de Dios en tu vida y familia y hay que reorientarlo, volverlo a ubicar en el camino de la fe, Juan vivía una radicalidad fuerte, y hoy nos dice; endereza el camino, la venida de Jesús implica vivir en la radicalidad de la espera del reino, el profeta muestra en quien ha puesto su esperanza y lo anuncia, nuestra vida ha de anunciar en quien cree, a quien cree, a quien sigue, a quien espera en esta navidad con esperanza firme, porque la tibieza no es algo que le agrade a Dios, a los tibios los escupe, por eso procuremos de verdad, volver nuestro corazón hacia él, que nuestra vida de frutos de amor, paciencia, esperanza, fortaleza en la dificultad, que se pueda ver en quien confías tu vida. Que nuestro corazón cada vez se oriente hacia Jesús y poder compartir nuestra fe, la alegría de creer en él, sigamos preparando nuestro corazón y vida para acoger a Dios niño que viene a salvarnos.
Que junto con María podamos seguirnos preparando para acoger con esperanza y alegría la llegada de Jesús y podamos dejarlo transformar todo aquello que necesita ser transformado para iniciar una vida cada vez más acorde con el Evangelio. Que así sea.
Por: EVA MARIA R.L. / VD México
– TERCERA PREDICACIÓN
“Estén siempre alegres”
En esta tercera semana de Adviento, semana de la alegría o GAUDETE, la liturgia nos sale al encuentro con esta invitación a tener una alegría que permanece. No es una alegría que depende de las circunstancias, sino de una alegría que viene de una certeza: “El Señor está cerca”, el Emanuel. Dios con nosotros.
Cuando esperamos a alguien que significa mucho afectivamente, lo hacemos con alegría, con ilusión y cada día que pasa vemos más cercana esa presencia. Este tercer domingo de Adviento nos invita a que a pesar o en medio de lo que vivimos, no dejemos de esperar al Señor que viene y que actuará. El profeta Isaías nos dice el cómo esperar: “El desierto y la tierra reseca se regocijarán, el arenal de alegría florecerá, como flor de narciso florecerá, desbordando de gozo y alegría; tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón; ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortalezcan las manos débiles, afirmen las rodillas vacilantes. Digan a los cobardes: Sean fuertes, no teman; ahí está su Dios, que trae el desquite, viene en persona, los desagraviará y los salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como ciervo el tullido, la lengua del mudo cantará; porque ha brotado agua en el desierto, arroyos en la estepa” Is 35.1-6.10.
Ciertamente a veces no es fácil tener una alegría permanente, especialmente en los momentos difíciles. Sin Embargo, la alegría a la que nos invitan las lecturas de este domingo no significa una alegría exenta de dificultades, sino la que brota de la certeza de esa PRESENCIA que acompaña cada momento de nuestra vida. Como dice la carta de Santiago 5,7-10: “Hermanos, tengan paciencia hasta que vuelva el Señor. Fíjense en el labrador: cómo aguarda con paciencia hasta recibir la lluvia temprana y tardía, con la esperanza del fruto valioso de la tierra. Ustedes también, tengan paciencia y anímense, que la llegada del Señor está próxima. Hermanos, no se quejen unos de otros, y no serán juzgados: miren que el Juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de sufrimiento y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor”. Esta imagen del labrador que aguarda con paciencia hasta recibir no solo la lluvia temprana, sino también la tardía. Aquí emerge esta clave para los momentos de prueba: “SABER ESPERAR” que el SEÑOR ACTÚA, ¡EL SEÑOR RESPONDE!
Y mientras esperamos nos dice el profeta Isaías, “fortalezcan su fe, afiáncense en la esperanza del Señor que viene, que está cerca.
Adviento es el tiempo propicio para reavivar la esperanza en el Dios que actúa, que se acerca a nuestras situaciones, que conoce bien lo que estamos viviendo y lo que necesitamos. El Dios que con ilusión se acerca, se hace presente.
Las palabras de Juan Bautista pueden ser también las de nuestro mundo, que “espera un nuevo futuro, un nuevo horizonte, una nueva realidad”. ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?
Jesús ante esta pregunta responde invitando a los discípulos a reconocer su actuación a través de los hechos que hablan de que es él el Mesías esperado: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes ven y oyen: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Nueva”.
Es la invitación también a nosotros: mira a tu alrededor tantos signos, tantas maneras de cómo Dios actúa…la tentación es quedarse mirando lo que no es, estamos bombardeados de signos que nos hablan de ausencia de Dios. Sin embargo, ese gesto sencillo que te hizo sentir incluida o incluido, esos actos de generosidad de tantas personas, esa escucha cuando lo necesitabas, esas palabras de ánimo que estás dando a esa familia, la alegría y descomplicación de los niños.
Son esos mensajeros que despiertan nuestro corazón y lo abren a la esperanza y a la certeza de que Dios viene y ¡está cerca!
Por: Mónica Narváez, MVD / USA
– CUARTA PREDICACIÓN
“Ya está cerca el Dios con nosotros ”
Después de tanto tiempo de espera, la culminación del tiempo de espera ha llegado a su fin, hoy celebramos el último día de preparación antes de la llegada del amor único y verdadero: Dios encarnado en alguien como nosotros llamado Jesús.
Después de tanto tiempo de espera encendemos la última vela de Adviento, aquella que simboliza el amor supremo que Dios nos tiene y que nos demuestra enviando a su hijo amado a compartir su amor con nosotros, Emmanuel. (Jn 3,16)
Es por ello que debemos de hacer aún más reflexión a pocos días de nuestro gran regalo, porque así como nosotros tendremos un regalo incomparable, ¿Estamos preparados para recibirlo? Podemos voltear a ver a María como nuestro símbolo de preparación de amor, que ella sea nuestro Modelo en la Fe, quien deja todo y se entrega totalmente al plan de Dios, regalo y salvación del mundo, así como María, nosotros deberíamos hacer lo mismo entregándonos para recibir a Jesús.
María no solo se prepara para recibir el regalo de Dios, sino que también es portadora y mensajera de luz, esto puede servirnos como ejemplo de no solo preparación sino de ser también mensajeros de luz, amor, esperanza y fe hacia otros que no la tienen.
Pero ¿cómo podemos prepararnos de manera correcta para nuestro regalo?
He aquí unas preguntas que podemos reflexionar y meditar para sabernos preparados y listos ante tal encuentro:
Al recibir una visita, limpiamos nuestro hogares para recibir con ánimos a quienes nos regalan su tiempo y compañía, ¿Ya hemos limpiado nuestros corazones para recibir a Jesús?
Recordemos que limpiar no es adornar, Jesus no quiere cosas vistosas o lujosas en nuestros corazones, solo quiere un lugar limpio para poder llegar, por ello, ¿Hay algún problema, preocupación, sentimiento, pendiente que nos impida recibir a Jésus con plenitud?
Muchas veces podemos sentirnos sin un camino claro de cómo ser y servir a los demás, pero podemos tomar a María como ejemplo ¿Como puedo imitar a María para recibir, portar y llevar la luz a otros?
Por último, Jesús no es un regalo como cualquier otro, Jesús es un regalo tan especial que no deberíamos quedarnos solo para nosotros, es un regalo que debemos compartir, ¿Realmente comparto mi regalo de Dios con los demás, en especial con aquellos que sufren o que no saben que lo han recibido?