
«Qué pena que, por falta de fe, no podamos ser hombres de oración y quedemos esclavos de las criaturas y del pecado y que tengamos que sufrir tanto inútilmente, buscando más la aprobación y vivencia de los hombres que de la misma fe, siendo que Jesús está tan cerca, pero, por ceguera espiritual, no le vemos».
Jaime Bonet
