
«Casi es inevitable que en una comunidad haya fricciones, momentos tensos, etc., pero el ambiente se aligera cuando se tiene la humildad de pedir disculpas o perdón o de dar por supuesto el perdón, y desde ahí, seguir adelante. Hay muchas formas de practicar la humildad. Una de ellos es salir al paso del otro, hablarle, romper el hielo como si nada hubiera pasado. Hay que saber que la vida real está plagada de dificultades e imperfecciones y, por eso, hay que ir aplicando la fe a cada caso, haciendo vida lo que sabemos y evitando que se ponga el sol sobre nuestra ira, Ef 4,26».
Jaime Bonet
