
«Así como escribiendo se aprende a escribir y orando se aprende a orar -como dice San Ignacio de Loyola- amando se aprende a amar; amar empezando por el más próximo que es el primer prójimo. Por esto es el primer signo-sacramento de los cristianos y el fruto de todos ellos (Jn 13,35)» Jaime Bonet
