¿Prudencia o insensatez?
Mt 25,1-13
El reino de los cielos es semejante a las diez vírgenes, prudentes y necias… es decir, en el reino hay de las dos cosas… Las prudentes y las imprudentes o necias, según el texto.
¿Y cómo se define la insensatez?
Llevar una lámpara con aceite, pero no llevar más aceite que el que lleva la lámpara. Las prudentes se diferencian de las necias en que llevan almotolias con aceite además del aceite de sus lámparas.
Parece que los tiempos de la vida no son los que esperábamos. A menudo las cosas suceden demasiado deprisa o tardan demasiado, más de lo que estábamos preparados o menos de lo que realmente esperábamos. ¿Y entonces? ¿Nos dormimos, estamos preparados, nos desesperamos, perdemos nuestra oportunidad?
Las vírgenes insensatas no previeron que el novio tardaría tanto y llegaría a altas horas de la noche. Se durmieron en lugar de abastecerse de aceite de oliva mientras aún había tiempo… pero después ya fue demasiado tarde. Los acontecimientos se precipitaron antes de que volvieran de comprar el aceite y el novio no las esperó. Cuesta creer, Jesús, que si eres el novio, nos estés diciendo que no nos conoces… pero ¿el novio eres tú, o son las múltiples situaciones de la vida, los encuentros con los demás, las respuestas que se nos piden en el curso de nuestras relaciones y que no siempre coinciden con nuestros tiempos o nuestra disposición interior.
Un anuncio sobre conducción prudente en las carreteras de un país en el que he estado decía: ¡Espera lo inesperado! Es decir, conduce siempre con la precaución necesaria y a una velocidad adecuada a la vía por la que circulas, sabiendo que no siempre podemos predecir todo lo que va a ocurrir. Sin embargo, la vida es así, por lo que la prudencia y la velocidad adecuadas y necesarias nos llevan a vivir con la conciencia de que las cosas nunca ocurrirán como nos gustaría, o como esperábamos, por lo que tenemos que prepararnos, aprender a esperar sin desesperar, estar listos para cuando ocurra… Este es el significado de vigilar en esta parábola. No se trata de no dormir, no se trata de estar siempre despiertos, se trata de saber esperar con la debida preparación, con nuestros ritmos vitales en alerta porque nuestros tiempos no son los tiempos de la vida y por tanto no son los tiempos del Reino. El Reino respeta y atraviesa de alguna manera los tiempos de la vida, aunque a veces los supere, los perturbe e irrumpa cuando menos lo pensamos.
Señor, me parece que me dices que aprenda a esperar más allá de mis ritmos… que me prepare para que las cosas sucedan a un ritmo más lento de lo que me doy cuenta, pero luego también me invitas a estar preparada para esa avalancha vertiginosa de acontecimientos que me sorprenderán por su velocidad.
Podemos hablar de una enfermedad, de una situación laboral, incluso de la pandemia que nos pilló por sorpresa y se quedó durante mucho tiempo, de una relación que se obstina en ser trabajada y requiere más energía de la que estábamos dispuestos a dar, del crecimiento de los hijos que es tan lento y luego parece precipitarse, de la marcha de esa persona a la que queríamos y no queríamos perder tan rápido… Podemos pensar en nuestro crecimiento personal, en aprender a ser quienes somos, en conocer nuestros subterfugios interiores… en tantas cosas que nos depara la vida. Al fin y al cabo, estamos hablando de la vida misma, del tiempo ambiguo que pasa pero que también tarda en pasar.
Pero todavía falta algo más… hay aceites que no se pueden compartir… Las vírgenes prudentes parecen haber sido egoístas en su prudencia… pero su respuesta fue, una vez más, prudente e inteligente: ¿Qué pasaría entonces, si compartiendo el aceite con las otras vírgenes, no alcanzara ni para ellas ni para las demás y quedaran todas fuera del banquete?
El Reino llama a la ayuda y a la solidaridad entre todos, pero también llama a la responsabilidad de cada uno, afirmando que no siempre unos pueden suplir la falta de otros y que muchas veces el camino es personal e intransferible: “Toma, pues, lo que te corresponde y sigue tu camino” (Mt 20,14). “Es lo que hay” y tiene que ser así. Podemos ayudar a otra persona, pero no podemos tomar las decisiones esenciales ni llevar el aceite adicional por ella. Cada cuál tiene que aprender a cultivar su propio camino y su propia espera para estar preparado cuando llegue el momento. No podemos hacer a los demás responsables de nuestras negligencias, retrasos o falta de ritmo o de preparación. Al mismo tiempo, no siempre podemos retrasarnos porque los demás no quieren estar preparados. El Reino es comunitario, pero también es radicalmente personal en su esencia. No podemos hacer por los demás lo que los demás necesitan hacer por sí mismos y esto aumenta nuestra necesidad de más aceite y más vigilancia, porque necesitamos seguir haciendo nuestro propio camino solos o acompañados.