Ejercicios Espirituales LMC en Siete Aguas: La consagración laical, una esperanza viva para el mundo

Con el corazón lleno de gratitud, los Laicos Misioneros Consagrados Verbum Dei (LMCVD) culminamos nuestros Ejercicios Espirituales en el entrañable centro de Siete Aguas, del 15 al 24 de julio. La experiencia, vivida tanto presencialmente como en conexión online con miembros de Europa y América, fue un verdadero oasis de fraternidad, formación y oración.
Bajo el lema “La consagración laical, esperanza para el mundo”, los días compartidos se convirtieron en un espacio de renovación interior, donde se redescubrió la belleza de una vocación que da vida.
“El Verbum Dei da sonido a la palabra escrita”, resonó como una llamada a encarnar el Evangelio con autenticidad, dejando que la Palabra se haga carne en cada gesto cotidiano.
La Palabra de Dios iluminó el camino, especialmente a través del pasaje de Isaías 40:28-31, que recuerda que “los que en Él confían recuperan fuerzas, y les crecen alas como de águilas”. Esta promesa se vivió como una invitación a ser luz en medio de la oscuridad, a vivir con alegría, fuerza y esperanza, sabiendo que “Mi esperanza eres tú” no es solo una frase, sino una certeza que sostiene.
El Espíritu Santo, que habita en cada uno, fue reconocido como ese aceite suave que alivia lo que chirría, que embellece lo cotidiano y que impulsa a vivir con plenitud. “Somos misioneros siendo, no haciendo”, lo compartimos con convicción, recordando que el testimonio más profundo nace de una vida habitada por Dios.
También hubo espacio para contemplar la fragilidad humana, especialmente en el proceso del envejecimiento. Lejos de ser una pérdida, se vivió como parte del ciclo natural de la vida, donde la ilusión y la entrega mantienen joven el corazón. “Serás joven mientras mantengas tu ilusión”, se proclamó como un canto a la esperanza que no envejece.
Los Ejercicios concluyeron con una renovada conciencia de misión: ser signos vivos de la consagración laical, portadores de una esperanza que no defrauda, y testigos de que Dios sigue llamando a transformar el mundo desde lo cotidiano, desde lo sencillo, desde lo profundo; dejándonos amasar entre sus manos, como la vasija en las manos del alfarero (Jer 18), que contiene en su interior un gran tesoro. Ser transparentes para que se vea el tesoro, consagrando con nuestra presencia los espacios en los que nos movemos, y a las personas con las que estamos.


