La inhabitación de la Trinidad

La inhabitación de la Trinidad

INHABITACIÓN DE LA TRINIDAD EN NOSOTROSEn el corazón de nuestra vida espiritual colocamos la relación con nuestro Dios Uno y Trino. Esa presencia cercana y familiar de la Trinidad, que nos habita y nos invita a vivir en una relación constante y estable, constituye y forma nuestro primer hogar. Desde allí aprendemos a vivir como hijos de Dios y hermanos de todos.

En este misterio de Vida y Amor con nuestro Dios Uno y Trino encontramos el mejor modelo para nuestras relaciones fraternas. Personal y comunitariamente, somos invitados a entrar en ese diálogo afectuoso y sincero, cercano y espontáneo, tierno y familiar, comprometido y responsable, con nuestro Dios Uno y Trino, para beber de su amor y encontrar en él, la mejor fuente de fraternidad.

Esa presencia amorosa de la Trinidad, irrumpe en nosotros como el manantial de agua viva que salta para la vida eterna de muchos y marca el ritmo de nuestro vivir fraterno en una tonalidad totalmente nueva y transcendente. Su compañía es inefablemente rica y amena en cualquier camino y encrucijada. Es el verdadero y permanente viático, el mejor compañero de viaje, fermento y semilla de comunidades evangelizadoras en todo el mundo.

La sagrada Eucaristía

La sagrada Eucaristía

LA SANTÍSIMA EUCARISTÍAEn el sacramento de la Eucaristía, se concentra y se nos entrega el amor divino-humano de nuestro Dios, y se nos renueva de forma gráfica y palpable la presencia real de la Trinidad en nosotros.

La Eucaristía es el manantial que significa y realiza la comunión de todos los hombres en Uno. Es el sacramento y sacrificio fundamentalmente constitutivo de la Iglesia y, por tanto, de la Familia Misionera Verbum Dei. La Eucaristía será para nosotros fuente y culmen de nuestra vida fraterna y misión. Alimentados con el amor de Cristo en el banquete eucarístico, nos vamos transformando para llegar a ser hermanos de todos los hombres, creando así una familia universal.

Ante la presencia real de Jesús en la Eucaristía oramos para traducir y transformar en vida propia las verdades de fe que queremos propagar por todo el mundo. Ese encuentro vivo, cercano e íntimo con la persona de Cristo ante el sagrario convierte nuestras jornadas en ecos prolongados de la palabra viva que hemos escuchado de su boca.

Cuerpo místico de Cristo

Cuerpo místico de Cristo

El diálogo con la Trinidad y el amor que de ellos recibimos, hace que levantemos la mirada hacia nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo, reconociendo sus necesidades y nos lleva a querer responder generosamente con toda nuestra vida.

El Amor del Padre, la voz del Espíritu Santo, el diálogo constante con Jesús y la mirada atenta de María  proyectan nuestras vidas y nos urgen a aplicarlas íntegramente sobre el Cristo crucificado de hoy o Cuerpo Místico de Cristo.

En el encuentro con el Cristo total – cabeza y miembros–  tenemos la composición de lugar más propia de nuestra oración y misión diarias. En el diálogo con Cristo, que conoce la realidad y necesidad de todos nuestros hermanos, y que desea hacer llegar su amor a todos, nuestra oración cotidiana adquiere una nueva forma y significado: su llamada nos mueve a la misión. Cristo vivo nos necesita y reclama con todo nuestro ser y es el resorte más acuciante y la razón más fuerte de nuestra predicación.

María, nuestra Madre

María, nuestra Madre

MARÍA, NUESTRA MADRE

María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, es nuestra verdadera Madre. Por María ha querido Dios revelar su rostro materno a todos los hombres de la manera más cercana y familiar, más eficaz y delicada.

María ocupará siempre un lugar único y decisivo, imprescindible e insustituible, en nuestra vida y nuestra misión. Su presencia acompañará nuestras laboriosas jornadas misioneras sustentadas por una fe viva y probada y por el gozo de un esforzado amor redentor.

En nuestra labor cotidiana, María nos ayuda a mantener la fe y la alegría. Es ella quien fomenta nuestra fecundidad apostólica y espiritual, formando de manera discreta y profunda a Jesús en nosotros y en nuestros hermanos.