‘Los santos, fieles discípulos del Maestro”

‘Los santos, fieles discípulos del Maestro”


En este día de la solemnidad de Todos los Santos recordamos cómo nuestro Fundador, Jaime Bonet, nos ha estimulado con el ejemplo de su vida y de su palabra a ser santos. Para Jaime la santidad era la condición imprescindible para la misión; sin ser santos, para Jaime, es imposible ser misioneros. Para él la santidad era el ejercicio de la fe, la fe viva y practicada, la escucha de la Palabra de Dios y su puesta en práctica, recibir la vida de Dios. Así el ejercicio de la fe conlleva el transmitir la fe, el dar la vida de Dios a los demás.

Así lo expresaba en un texto de 1990 que reproducimos para que nos ayude en este día a recordar a Jaime, así como a todos las misioneros, misioneros y matrimonios misioneros que han dado la vida en la misión Verbum Dei:

La fe es como el pórtico del Reino, el ventanal que abre nuestra mirada en la vasta, indefinida e infinita panorámica de lo sobrenatural. Y como una transfusión nueva de Vida abundante. […] Sin la fe es imposible agradar a Dios. Y podríamos decir que el grado de nuestro amor estará al nivel de nuestra fe viva-confianza en Él. […]

Todo dependerá de nuestra escucha, atención, respuesta vivencial y práctica, a las verdades de fe, revelación o fe revelada que hayamos ido recibiendo. Los santos, los fieles discípulos del Maestro, en realidad, van creciendo de fe en fe. Esto es, de adhesión vivencial de su existencia a las verdades que van recibiendo. «No el que dice: Señor, señor… Porque el que escucha, el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó sobre roca. Si no, será agente de iniquidad» (Mt 7,21-27).

Nuestras verdades recibidas son ya muchas y sustanciosas: desde la verdad de nuestra filiación divina como verdaderos hijos de Dios, participantes de su misma Vida inmortal -eterna-, hasta la llamada a ser otros cristos, continuadores de su misma misión, en dedicación exclusiva, perfectos como es perfecto el Padre del cielo, santos como Dios es Santo; y toda una gama de verdades de fe, rayando al infinito.

Nuestra consagración a Dios, el mes de ejercicios anual, los retiros y horas diarias de ejercicio de oración, son en primer término y como actitud permanente, ejercicio continuo de fe […]

Ministerio de la Palabra no es más que proclamación de la fe de Jesucristo. Anuncio de la buena nueva de la fe. La oración que precede al ministerio de la Palabra no es más que nutrirnos, alimentarnos, informarnos de la fe de Jesús, de su Palabra, hasta hacer de nuestras vidas Palabra de Dios, Palabra del Señor, Evangelio vivo, para que el mundo crea. […]

Y es precisamente este caudal y riqueza de fe, de verdad recibida en diálogo vivo, interpersonal, con Cristo, el que conlleva una nueva calidad de vida: «el justo vive de la fe» (Heb 2,4; Rom 1,17). «Vosotros sois mis amigos, porque os declaro todo lo que sé de mi Padre» (Jn 15,14) y una calidad de discípulo con nuevos compromisos: «Si os mantenéis en la Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 17,6-8.20).

(“Inicio o prólogo de un temario al servicio de nuestra misión”, en: Id y haced discípulos, Monte Carmelo, Burgos 2014, pp. 228ss.)