Conmemoración: Misionero Sacerdote Jaime Bonet Bonet

Conmemoración: Misionero Sacerdote Jaime Bonet Bonet

En el año 2000, Jaime Bonet en el curso de unos ejercicios escribió unas notas tituladas “Para el directorio Verbum Dei”. En ellas Jaime expone las líneas esenciales para desarrollar el carisma Verbum Dei. Una característica es que propone el ejemplo de san Pablo continuamente. Aquí se presenta un extracto de las referencias a san Pablo en el escrito:

Con el mismo sentir del apóstol de las gentes, San Pablo, nuestro co-patrono del Verbum Dei, “con nadie queremos tener otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley. […]

Nuestra misión específica a la Palabra de Dios, así en la oración, meditación, contemplación, como en el estudio para la predicación de la misma, nos exige y obliga a amar a Dios y al prójimo con toda nuestra mente, corazón y fuerzas en esta voluntad concreta de la Palabra de Dios. Por lo que nuestro amor a Dios y a todos los hermanos, los hijos de Dios, se centra y concentra en vivir, predicar y extraer de la Palabra de Dios con todo el caudal de Vida-Amor de riqueza infinita, que nuestra consagración exclusiva y a tiempo completo a la Palabra de Dios, a la Buena Nueva del Reino, nos obliga. Pues en la Palabra de Dios, intensamente y permanentemente orada, vivida y profundizada con toda nuestra capacidad intelectual, espiritual y aptitudes de cada uno, está y se integra, sin otra dedicación, nuestra jornada diaria completa. […]

Nuestra misma vocación y misión concreta, exclusiva y a tiempo completo a la Palabra de Dios, nos confiere, pues, el derecho y confianza por parte de Jesucristo que confió y mandó a sus primeros discípulos- apóstoles que Él mismo personalmente eligió formó y envió precisamente y exclusivamente a predicar la Palabra de Dios por todo el mundo y a formar apóstoles de todas las gentes. Mc 16,15; Mt 28,19-20.

No inferior fue la misión por la que llamó y envió al Apóstol de las gentes Saulo de Tarso -el apóstol por antonomasia de las gentes-. Por lo que no podemos olvidar ni demorar nuestro deber de la Palabra de Dios poseída con toda su riqueza y así predicada a toda persona; y con el apóstol -por eso co-patrono, junto con María, de nuestra vocación y misión- con San Pablo podemos y debemos sentir y practicar: “predicar el Evangelio no es para mí ningún timbre de gloria sino, más bien, un deber que me incumbe y ¡ay de mí¡ si no predicase el Evangelio”.

Por lo que, dado que tal vocación y misión, en exclusiva, es menos frecuente, en las atenciones y dedicaciones de la mayoría de personas en la Iglesia consagradas a Dios, no podemos dejar de aportar a toda la Iglesia y personas de Iglesia y -Cuerpo de Cristo-. […] Por esta razón nuestro sincero y total amor a la Iglesia de Jesús nos hará descubrir así el derecho como el deber de aportarle este Carisma de la Palabra a todas las personas a la Iglesia consagradas, y a los que deben consagrarse a Ella con la mayor riqueza y seguridad de su sentido y riqueza de Vida Eterna y de la perfección y santificación de la misma. incide de lleno en nosotros – y además como dedicación y tarea única a lo largo de cada jornada de toda nuestra existencia en este mundo- el mandato supremo de Jesús a sus Doce: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado y he aquí que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-20).

Como Pablo, pues, de ciudad en ciudad, trataremos de formar escuelas de apóstoles, transmitiendo y enseñando, lo más ricamente posible, la Palabra de Dios, sobre todo a personas que, a su vez, puedan instruir a otros (2Tm 2,2). Y como Jesús intentar, con todas nuestras fuerzas y capacidad, que nuestros discípulos desempeñen nuestra misión, superándonos a nosotros (cf. Jn 14,12).

[…] Nuestro punto de mira en nuestro carisma-misión eminentemente apostólica, a ejemplo de la vida y misión de San Pablo y de los Doce formados y enviados por Jesús, apunta y tiene por objetivo hacer Iglesia: la mayor aportación y colaboración a la Iglesia jerárquica. Por lo que intenta transmitir, reavivar la fe de nuestros cristianos, descubriéndoles y redescubriéndoles su gran riqueza bautismal que los constituye verdaderos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres y mujeres del mundo. A este fin se orienta y se organiza toda nuestra labor y todo nuestro modus vivendi: lograr la mayor eficacia apostólica, tratando de conseguir el mayor número posible de discípulos auténticos de Jesús, que a su vez, se decidan a ser apóstoles de su Reino, a imitación de los primeros – y actuales- apóstoles de Jesús más fieles y eficaces. Se va, pues, a crear en el mayor número de ciudades el más fiel y numeroso movimiento de verdaderos cristianos.

[…] Somos para el Cristo Total, para la Santa Madre Iglesia. Somos cooperadores de los pastores del Pueblo de Dios, bajo las orientaciones y directrices del Vicario de Cristo en la tierra, el Santo Padre, el Papa de Roma. […] Nuestra misión, pues, invierte nuestras vidas, a ejemplo de Cristo, para todo el Pueblo de Dios. Por Él hemos renunciado a todo, a todos y a nosotros mismos. No es, pues, el Pueblo de Dios, las gentes, para nosotros sino que nosotros somos para los discípulos, para todas las gentes, fieles y conformes al mandato de Jesús: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado y he aquí que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28,19-20) … seguidores de la misión misma de los que recibieron personalmente de Jesús éste su último mandamiento, a él orientamos y aplicamos toda nuestra vida.

Nuestra misión, en efecto, no por complejo de estamento superior, sino con toda humildad y gratitud a Dios seamos como él y como sus fieles discípulos fermento en la masa; y con Cristo hasta el fin del mundo, pan de Vida y bebida de Salvación. No nos consideremos, pues, superiores a los demás hijos de Dios, hermanos nuestros, sino transmitámosles a todos los que el Padre, por Cristo y en el Espíritu nos entrega y nos manda administrar para todos y entre todos con la mayor fidelidad.

Enseñemos, pues, a todas las gentes a “guardar todo lo que Jesús Maestro nuestro nos ha enseñado”, porque Él, Jesús, sí se entrega íntegramente a todos y se pone en manos de todos. “Haced discípulos -nos manda- a todas las gentes” con todo el deber y el derecho del Bautismo, “bautizándoles en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; Esto es que conozcan su identidad divina, su grandeza y dignidad, su Vida y Herencia Eterna: rescatada, comprada al precio de la Sangre de Cristo por el Amor paterno y materno del Padre y guiados por el Espíritu Santo derramado en sus corazones, igual que cada uno de nosotros. Por lo que somos constituidos, consagrados “sacerdotes, profetas y reyes”. Dios quiere que todos los hombres se salven, nos advierte también el apóstol de las gentes -San Pablo- y lleguen al conocimiento de la verdad.  1Tm 2,4. “Porque ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación” 1Ts 4,3.

Por esto con Jesús y como Él, tenemos el deber de invitar a todos a seguir a Jesús, y también el derecho de atraerles a reproducirle, con tal entrega, actitud y estilo de vida y de amor, de identificación con Él, que quien nos siga tenga la seguridad de ser discípulo de Cristo, como pudo decir San Pablo: “Sed, pues, mis imitadores -como padre de todos ellos. 1Co 4,14-16. “Sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo” 1Co 11,1. Tal como a todos invitaba Jesús: “Decía a todos: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame… porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ese se avergonzará el hijo del Hombre”. “En verdad en verdad os digo. si el grano no cae en tierra y muere queda él solo, pero si muere da mucho fruto… y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” Jn 12,23-33.

[…] Con Pablo debiéramos poder decir y sentir “sobreabundo de gozo en medio de mis tribulaciones y sufrimientos” (2Cor 7,4) y “completo en mi cuerpo lo que falta de la pasión de Cristo (en mí) en favor de su Cuerpo-Iglesia y en todos los discípulos” (Col 1,24). Con María apunta a la felicidad de generaciones (cf. Lc 1,48).

[…] Nuestra misión es, de por sí, muy específica y exclusiva. Por la que, por amor al Cristo Total, Pueblo de Dios, tan necesitado de Fe y tan abandonado y carente de Vida-Amor de Dios, de la Palabra de Dios, nos exigirá el esparcirnos como los primeros apóstoles -como Pablo- tratando de abarcar y atender al mayor número de hermanos, y por lo mismo, atender al mayor número de Escuelas de Apóstoles y Escuelas de la Palabra. De forma que, con mayor razón que muchos consagrados, un misionero ya debidamente preparado, atiende una ciudad, y hasta varias, siguiéndole los auxiliares y coadjutores, que, después de una buena experiencia, puedan desempeñar el mismo papel de responsable.

El siguiente audio es la conmemoración para nuestro fundador Misionero Sacerdote Jaime Bonet Bonet